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Pasodoble, marcha mora y marcha cristiana: la música que hace andar la fiesta

Pasodoble, marcha mora y marcha cristiana: la música que hace andar la fiesta

Revista Festalia

Cierra los ojos en plena Entrada y sabrás qué bando pasa sin verlo. El bombo grave que arrastra el paso anuncia a los moros. Los metales que se abren como un estandarte anuncian a los cristianos. Y cuando la calle se llena de festeros a primera hora, con el sueño todavía encima, suena un pasodoble.

No es casualidad ni costumbre. Cada una de estas músicas nació en un momento concreto, de la mano de un compositor concreto, para resolver una necesidad de la fiesta.

Este artículo recorre la evolución de la música festera con especial atención a Alcoy, cuya tradición ha sido fundamental en la configuración de sus tres grandes géneros. Pero la historia no empieza ni termina en una sola población: Cocentaina, Villena, Elda, Petrer, Ontinyent y muchas otras localidades también han contribuido a construirla.

El pasodoble: el abuelo de la música festera

El pasodoble no nació en la fiesta. Es un género de origen militar que ya sonaba en toda España cuando los festeros lo hicieron suyo. A comienzos del siglo XIX, la fiesta alcoyana sonaba a tambores, clarines y dulzainas. En 1817 la Filà Llana dio un paso que lo cambiaría todo: contrató a la banda del Batallón de Milicianos Nacionales para su Entrada. Desde 1840 casi todas las comparsas tenían ya su propia banda, pero tocaban un repertorio prestado, ajeno a la fiesta.

En 1882 Juan Cantó Francés compuso Mahomet, considerado tradicionalmente el primer pasodoble festero, de estilo sentat: pausado, elegante, pensado para desfilar con solemnidad. Dos años antes, el mismo Cantó había escrito La primera diana, que suele citarse como su precursor.

Esa primacía tiene hoy un matiz. Se conserva el manuscrito de El moro guerrero, un pasodoble de Cocentaina escrito por Manuel Ferrando González. No está fechado, pero por su estilo e instrumentación algunos historiadores lo sitúan entre mediados de los años sesenta y comienzos de los setenta del siglo XIX. Si se confirma, sería el pasodoble festero más antiguo que se conoce, anterior a Mahomet.

En 1891 José Espí Ulrich firmó Anselmo Aracil, el primer pasodoble dianero. Es la otra cara del género: más vivo, más ligero, hecho para despertar al pueblo en la Diana. Esa doble personalidad sigue viva hoy. El pasodoble sentat acompaña el desfile con porte; el dianero invita a moverse, y por eso es el más bailable de los tres.

El pasodoble suele escribirse en compás binario y no pertenece a ningún bando. Es la música de la filà entera, la de los pasacalles y las bandas, la que todo festero sabe tararear.

Banda de música desfilando con trombones y bombardinos en una fiesta de Moros y Cristianos

La marcha mora: la música de les carabassetes

A comienzos del siglo XX, los moros desfilaban al mismo compás que los cristianos. Faltaba un sonido propio, algo que evocara el Oriente que representaban.

Hay un precedente que conviene conocer: Benixerrajs, de Camilo Pérez Laporta, escrita en 1904 para la Filà Abencerrajes. Se presentó como “marcha árabe”, pero hay estudiosos que dudan de que lo fuera más allá del nombre. Por eso se cita a veces como posible precursora, nunca como la primera marcha mora.

La obra que suele señalarse como el nacimiento de la marcha mora llegó en 1907. Su autor, Antonio Pérez Verdú, alcoyano y director de la Banda Primitiva, la estrenó en las fiestas de San Jorge con el título de A-Ben-Amet, que más tarde pasaría a titularse Marcha Abencerrage. Fue la primera obra en incorporar un acompañamiento de percusión propio, las carabassetes, que le dieron un color nuevo. El pueblo la bautizó enseguida como “la música de les carabassetes”. Había nacido la marcha mora.

A partir de ahí, el género no dejó de crecer. En 1949 el Ayuntamiento de Alcoy convocó el que se considera el primer concurso de composición de música festera de España, y lo hizo precisamente en la categoría de marcha mora. Lo ganó La Casbha, de Rafael Casasempere Juan.

Cómo suena: lenta y cadenciosa, con un golpe de bombo y percusión que marca cada paso. Suele escribirse en tonalidad menor y es habitual que la melodía recaiga en los metales, lo que le da ese aire solemne y misterioso. Es la música que obliga al festero a caminar con calma, balanceándose.

La marcha cristiana: la última en llegar

Durante medio siglo, los moros tuvieron su marcha y la fiesta su pasodoble. Los cristianos, en cambio, no tenían una música propia y desfilaban al son de pasodobles, sentats o dianeros.

Retrato del compositor alcoyano Amando Blanquer Ponsoda, autor de Aleluya, la primera marcha cristiana

Eso cambió en 1958. Un joven compositor alcoyano, Amando Blanquer Ponsoda, escribió en Llíria Aleluya, dedicada a la Filà Vascos en el año de su alferecía. Fue la primera marcha compuesta expresamente para la Entrada Cristiana y abrió un género nuevo. Blanquer, que llegaría a ser uno de los grandes nombres de la música valenciana, le quitó mérito a su hallazgo: “Los cristianos necesitaban algo diferente. Estaba ya en el ambiente festero, yo no hice nada más que recogerlo”. En otra ocasión lo resumió así: “Yo no inventé nada. La marcha cristiana estaba en el ambiente. Yo sólo tenía que acogerla”.

Cómo suena: majestuosa y luminosa. Suele preferir las tonalidades mayores, con melodías de aire coral y fanfarrias de trompetas y trompas que evocan lo épico. Los timbales repiten a menudo un motivo obstinado que sostiene el paso. Si la marcha mora invita a balancearse, la cristiana invita a desfilar con la cabeza alta, como un ejército que entra en la ciudad.

Cómo distinguirlas de oído

 PasodobleMarcha moraMarcha cristiana
Pieza de referenciaMahomet (1882), Juan CantóA-Ben-Amet (1907), Antonio Pérez VerdúAleluya (1958), Amando Blanquer
RitmoVivo y ligero (dianero) o pausado (sentat)Lento, cadencioso, muy marcado por la percusiónFirme y solemne
CarácterAlegre, popular, bailableMisterioso, orientalMajestuoso, épico
Tonalidad más frecuenteVariableSuele ser menorSuele ser mayor
Quién la llevaDianas, pasacalles y bandasEscuadras y boatos morosEscuadras y boatos cristianos
Pista para reconocerlaTe dan ganas de caminar rápido o bailarEl bombo te obliga a balancearteTrompetas y trompas suenan como una fanfarria

Son rasgos habituales, no reglas: hay marchas moras en mayor, cristianas en menor y muchas obras que juegan con ambos mundos.

La fiesta se escucha antes de verse

Entre la segunda mitad del siglo XIX y mediados del XX, la fiesta fue construyendo su propio lenguaje musical. Hoy el repertorio es inmenso, y cada año se estrenan obras nuevas para filaes, cargos y escuadras.

Festero con traje tradicional y hoz encabezando su escuadra en las fiestas de Moros y Cristianos

Detrás de cada desfile hay una banda que ha ensayado durante meses. Si estás buscando banda, charanga, chirimiteros o grupo de percusión para tu filà o tu cargo, en Festalia encontrarás músicos verificados y con el pago protegido hasta el día del servicio.

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